PARA PENSAR

Siguiendo línea sucesoria de las tradiciones familiares, los ejemplos erigidos y pensados para el bienestar, irrenunciablemente van formando parte de las nuevas generaciones.

Las generaciones deciden que sentido adoptan y el tradicional cual lo toman por caduco, sustituyéndolo por renovadas dosis de modernidad que la sociedad en su constante cambio exige como requisito indispensable para que el ser, forme parte de ella y no se aleje, dependiendo de las dosis de liberalismo que la persona se imponga, se tomara la mencionada decisión.

Ante el avance desmesurado de la siempre "nueva era moderna", van quedando relegados muchos buenos modales y por sobre todo el hecho de proponerlo como buena institución de bien para la sociedad, que si bien es cierto, a esta le resultaría conveniente para que sus conciudadanos vayan adquiriendo buenas nociones de respeto al prójimo y así la sociedad se evitaria muchos problemas en su cotidiano desenvolvimiento.

Resulta ser que las nociones se van construyendo desde el mero hecho de que las palabras que pensamos que no deben llevar timbre de arcaicas, pues esto es un desuso y todos queremos participar en la "nueva modernidad" y nos aterra ser excluidos de este nuevo listado de reclutas modernos.

En el momento que estamos aprendiendo buenas costumbres, tenemos intenciones de aplicarlas y dependiendo de la nobleza y generosidad del alma, se va manifestando en los actos estas buenas costumbres.

En la practica vamos siendo testigos vejámenes intimidatorios de las personas que rechazan la buena acción que con su mala gana se aprovechan del "tonto" que aplica la generosidad y tratan de sacar ventaja para su conveniencia, a fin de lograr una revancha social, pensándola justificada por los "males" que transmite su entorno (sea la familia, el estado o la sociedad), sin caer en cuenta que esta cayendo en el mismo vicio que el reclama para el bienestar común.

Cuando la conciencia logra un inusitado eco en el remordimiento de la acción realizada, simultáneamente la reflexión tomara el sentido de la conveniencia particular y el egoísmo manifiesta su voz en tono alto pronunciando su común propuesta: "primero yo y luego el resto", pues todos nos planteamos de inmediato que nuestro buen acto no conseguirá un fruto, ya que no se lo apreciara y peor lo agradecerán.

Ante este pequeño proceso interno nos rendimos y cedemos al egoísmo de seguir la practica del ritmo que impone la sociedad y el atropello al prójimo se vuelve indispensable para desenvolverse y ser reconocido como persona respetabilísima, ya que no se "deja del resto", y le llaman "maestro" al que aprendió a defenderse a la medida precisa que ni la acción, ni palabra no lo encasille ni como vulnerable ni como grosero (Cabe recalcar que como grosero se percibe generalmente a la persona que frecuenta malas palabras).

Siendo participes de esta sociedad, al seguir estas practicas somos irremediablemente cómplices de estos malos actos y al no plantearnos nuevas alternativas terminamos aplicándolas y muchas veces sin darnos cuenta.

Si estamos concientes de un buen sentido, impongámonos la fuerza de la practica y logremos distinguirnos de estos malos sentidos poniendo el ejemplo, cuestión que nos distinguiría de los demás; pues a sabiendas de que la sociedad imita costumbres, seamos el buen ejemplo a imitar sin esperar que algún órgano rector (sea iglesia, gobierno, estado o institución) nos imponga la obligación, adoptemos este sentido como convicción propia, ya que el alma se renueva de buenas intenciones y aparta toda mala intención, logrando una paz indescriptible y así cumplir con el aporte de bienestar común que nos exige el la sociedad.

En la fuerza del ejemplo se transmite el cambio.

Muchas gracias
Fred Mazzini